
No hay día igual a otro. Y no hay Semana Santa igual a otra. Desde que empezó mi camino de conversión precisamente una noche de Pascua hace ya algunos años el Señor no ha dejado de regalarme grandes momentos.
Ninguna Semana Santa es igual a la anterior.
Una mira con nostalgia aquella Semana Santa en la que estaba complemetamente muerta y El me encontró y me resucitó y me lleno de Vida y quisiera volver a sentirme vibrando con el amor primero. Aquella experiencia de Dios. Aquel abrazo. Aquel encuentro con Jesús vivo y que cambió por completo mi corazón y toda mi vida...Volver a aquel retiro de Pascua con hermanos de la Renovación Carismática dejándonos llenar por completo y rendir todo a nuestro Señor. La alabanza. El Gozo. La plenitud del Espíritu que es el puro Amor...
Sin embargo parece que con esta Semana el Señor tiene otros planes. El catarro que llevaba arrastrando por semanas ha resultado ser una grave bronquitis que me ha tenido postrada con grandes dosis de antibióticos que me han debilitado más de lo que me esperaba. De nuevo creo que Jesús y yo nos entendemos mejor en el dolor. Cada vez lo veo más claro. No hay encuentro más cercano que la Cruz...
Resumiendo que de momento no se si podré al ir retiro este año, me siento agotada físicamente y curiosamente esto no está siendo obstáculo para que El me encuentre. . Así como estoy.Bendita esta pobreza.
Estos días en los que crece en mí el silencio exterior e interior me acerco, por su Gracia, más a El. Le conozco y le reconozco y le proclamo como mi Señor. Le escucho. Me acero. Me dejo acariciar. Me mira. Le miro. Me dejo amar... y nada más.
Me gusta el silencio. No podré ir a las procesiones, ni escuchar saetas ni tambores... sólo silencio. Oración con la tenue luz de una vela y su Palabra y su Presencia. Tampoco saldré con los amigos tal vez alguna comida familiar y más silencio y descubro que tanto en el ruido, en la salud, en la albanza, en la música en el gozo o en el silencio, en la enfermedad, en la oración callada, en la alabanza interna y silenciosa o en el más árido desierto... en todo momento, siempre está El. En eso consiste el Reino de Dios que está dentro de nosotros por la fe en Jesucristo: en que Dios está con nosotros en cada momento como lo estuvo con Jesús desde el Gólgota hasta la Cruz pasando por la muerte... y sobretodo en la VIDA. Todo es VIDA en El porque noS resucita a cada uno. Porque nos da VIDA Y VIDA EN ABUNDANCIA. y le doy profundamente las gracias. Por pensarme, por amarme , por hacerse hombre en Jesús de Nazaret por darnos su Paz y su Reino de Amor a través de El. Gracias padre.



